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Es una especie de Woody
Allen con la bicicleta: Todo complejos hacia la misma.
"Me chirría nosequé, roza lo otro,...",
cuando menos te lo esperas saca, como por arte de magia, un
destornillador de proporciones descomunales y se lía
a apretar todo lo apretable. Dicha herramienta le ha valido
el apelativo de el katanas, aunque,
eso sí, es una de las personas más felices al
lomo de una bicicleta. Una cosa, si alguna vez coincides con
él, ni se te ocurra sugerirle, como, por otra parte,
han hecho la mayoría de bikers que alguna vez
han pedaleado con él, que lleva el sillín un
pelín alto, pues corres el peliro de recibir in
situ un curso intensivo sobre anatomía, aplicada
a su cuerpo. Por cierto, a pesar de la pose de pistolero desenfundando
de la foto, en el fondo es un buenazo y le queremos todos
en la misma medida que le vacilamos.
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